JOKER – Fantasía, metacine, amor y salud mental

Faltaría una semana para la noche de Halloween de ese año, me molaba tanto el rollo Joker que me pinté la cara como él y salí a la calle con los colegas a dar un garbeo. En el año 2019, el estreno de Joker de Todd Phillips, causó una gran fascinación hacia el personaje Arthur Fleck, interpretado extraordinariamente por Joaquin Phoenix. La película tuvo una cálida acogida y el Joker molaba más que nunca. Un símbolo anarquista. Un loco incomprendido. Un tío canchero y guay. 

Nada más lejos de la realidad…

Cuando videé Joker: Folie à Deux (2024) comprendí que había mal interpretado al personaje y a la primera película. Triste fue que la masa no aceptara esta segunda bonita película que desmonta el mito. Arthur Fleck no solo fue adorado por el público de nuestra realidad. También, dentro de la ficción, existe una película de El Joker. Lee Quinzel (Harley Quinn) la ha visto, le flipa y admira a Arthur. La introducción de ella en esta historia le da título a la segunda película: Folie à Deux, que significa trastorno psicótico compartido. Ambos coinciden en su delirio y se enamoran. En su triste y cruda vida en una cárcel psiquiátrica encuentran una burbuja donde refugiarse y evadirse de la realidad.

Amor es lo que ambos enfermos han necesitado siempre y nadie se lo ha podido dar antes.

Ella no está enamorada de Arthur, sino del Joker. No entiende que es sólo una fantasía, una ficción y que lo mejor para Arthur es medicarse y abandonar su faceta de payaso anarquista asesino. En la prisión psiquiátrica todos los presidiarios aman la faceta revolucionaria de Joker… cantan: When the Saints Go Marching In. Joker es un santo, un líder idóneo, una luz que ilumina el camino de los enfermos mentales. Una microsociedad acepta a Arthur (aunque sea al Joker), lo que hace feliz al protagonista frente a la sociedad exterior, que tanto en la primera como en esta segunda entrega le rechaza. Los ricos y poderosos como Thomas Wayne y Harvey Dent tratan a los enfermos como déspotas y delincuentes. Cuando lo que el pobre Arthur precisa es amor y salud pública gratuita.Él está enamorado de ella porque Quinzel le admira, le acepta y porque comparten el mismo tipo de locura. Al igual que la primera película, Folie à Deux juega con mostrarnos la triste realidad de Arthur y sus delirios. La diferencia es que en Joker los espectadores no distinguimos qué ocurre realmente y qué está en la mente de Arthur. Mientras que Folie à Deux hace un ejercicio precioso para crear la distinción, convierte los delirios en un musical. No hay ningún género cinematográfico más acercado al concepto «ficción» que los musicales. La verosimilitud es dejada de lado y el espectador acepta que los personajes canten y bailen, montándose espléndidos y coordinados números musicales. El musical y Harley Quinn son el escape, la burbuja y la fantasía que Arthur necesita y crea para sobrellevar el peso de su cruel existencia. ¿Y qué son el cine y el amor sino justamente eso? La película lanza un magnífico mensaje metacinematográfico. Ver películas… ese momento de fantasía en nuestra vida que nos hacen olvidar nuestros pesares y nos abstrae a un mundo irreal, mismo efecto que tiene el amor. Joker (2019) es un escape, una fantasía, un delirio… Folie à Deux nos da la misma lección que sufre Arthur durante la propia película: la realidad es fría y no podemos escondernos eternamente de ella. Ni cantando, ni bailando, ni viendo nuestras películas favoritas.

 Ferran Estellés Ríos