
Cada año la temperatura de nuestro planeta aumenta, se avecina un terrorífico futuro para la vida, lo que incluye a la humanidad. Desde una perspectiva filosófica (no científica), comprender cuál es el significado de “artificial”, que debemos entender como tal y como esto nos puede ayudar a salvar el planeta es el primer y gran paso que deberíamos dar individualmente y como sociedad.
No existe lo artificial, por lo menos nada tangible y físico es artificial. Todo lo que conforma el ecosistema al que llamamos Tierra, nuestro único y verdadero hogar en su conjunto, es naturaleza. Incluso aquello tangible que ha venido para quedarse desde más allá de la exosfera es naturaleza. Al final y al cabo hubo un día, cuando los días aún no existían, que la Tierra no era nada, bueno sí, antes de moldearse como un esferoide oblato era materia esparcida en el Universo. Todo lo que nos rodea, lo que forma parte de la existencia, es la naturaleza.
¿Podemos afirmar que lo artificial es aquello hecho por los humanos sin tener en cuenta que no somos la única especie viviente que modifica los ecosistemas? Las aves esparcen semillas y cambian un ecosistema, como un bosque. Las hormigas son arquitectas, modifican el terreno. Hay especies animales excavadoras e incluso las plantas modifican constantemente los ecosistemas haciendo a la tierra moverse. ¿Qué diferencia hay en esto con las modificaciones que la especie humana ha realizado en el planeta? “Artificial” significa hecho por humanos y no por la naturaleza. ¿Pero acaso nuestra especie no es parte de la naturaleza? Los humanos recolectamos ingredientes, hacemos complejas recetas y encontramos sabores y texturas concretos. Al igual que las abejas transforman elementos de la naturaleza (néctar y polen) en miel. Ambas especies modificamos la materia y la transformamos en algo más. Transformamos la naturaleza y somos naturaleza.
Aún así, tenemos una vida artificial. Porque lo verdaderamente artificial no tiene que ver con lo tangible, sino con lo espiritual. “Naturaleza” es una palabra que evoca paz, es tranquilizante, llena de vida y, por fortuna o por desgracia, una palabra ecologista. Pero la realidad es que la violencia es protagonista en la naturaleza. Desde el inicio de lo que conocemos como existencia (una explosión), hasta las continuas presas que la naturaleza se cobra cada día. Principalmente esa es la razón por la que la vida humana es artificial. No porque no sufrimos esa violencia, sino porque la sufrimos. Los seres vivientes saben diferenciar el sufrimiento del placer. En concreto, la humanidad, tiene la capacidad de comprender estos conceptos, analizarlos y elegirlos o rechazarlos. Aquellas ideas que no nos conducen al placer son artificiales. Lo realmente artificial son las ideas. Las mentiras.
La película La Selva Esmeralda (1985) termina con este texto en pantalla “Aún saben lo que nosotros hemos olvidado”. Ellos y ellas son habitantes nativas de la Selva del Amazonas, y lo que nosotros hemos olvidado es que somos naturaleza. Normalmente, cuando perdemos a un ser querido, lo encerramos y guardamos bajo tierra. Después tallamos (matamos) flores en honor a la persona difunta para que le acompañen. Cambiamos muerte por muerte. Sufrimiento por sufrimiento. En vez de convertir el sufrimiento en vida, en placer. En que de un cadáver florezca pasto, y ¿por qué no? alguna que otra flor. Esa es la mentira, creer que no somos naturaleza, que somos algo superior a ella.
Es espeluznante tener normalizado
que al mirar el cielo nocturno
no veamos las estrellas.
La contaminación lumínica nos devuelve la mirada, recordándonos cuál es el papel que estamos desempeñando en el mundo. El cielo es un espejo en el que vemos reflejado nuestro respeto y nuestra conexión con la naturaleza. Lo triste es que somos naturaleza. Estamos pues respetando poco nuestras vidas. Para cuidarnos tal y como somos tenemos que empezar por saber quienes somos. El problema es que no vivimos en una sociedad moldeada a favor de que existan las condiciones óptimas para lograr hallar una identidad que genere placer, sino justo lo contrario. La búsqueda de la identidad en una sociedad capitalista es una mentira, ahí no encontraremos nada bueno, no existe el éxito personal en este modelo de sociedad y menos aún el colectivo. Vivir una vida en la que no generes sufrimiento es un verdadero éxito. Tanto durante tu periodo vital como la huella que has dejado para el futuro de la vida y la sociedad.
Antaño la humanidad occidental se regía por un dogma que guiaba sus vidas. La religión tenía una vida artificial estructurada con sus libros sagrados y normas para darle un sentido a la existencia. En cambio, el poder actual se rige por unas normas diferentes: el anarcocapitalismo, el anarcoegosismo, el anarcocontaminismo etc. Son los empresarios, ya no Dios, quienes escriben las normas. Sus herramientas destacables para mantener su estatus son: Primeramente el control del poder político. Debido a que se cuelan en las instituciones personajes y partidos políticos que generan una apatía por la democracia, al mismo tiempo que estos hacen políticas para favorecer las normas antes mencionadas y se enriquecen a costa del sufrimiento del pueblo. En segundo lugar, gracias al control de los medios de comunicación, manipulando y mintiendo, generan el discurso que les conviene. En este crean enemigos para la humanidad (para la vida), que verdaderamente son enemigos del capitalismo. Favoreciendo así a sus aliados políticos e intereses económicos. Y en tercer lugar cabe mencionar la corrupción de la cinematografía, de la música, del diseño, del cartelismo… para crear necesidades artificiales. Es decir, la publicidad. Con creatividad las empresas logran vestirse de seda y perpetúan la obtención de un alcance a gran escala. Ya que todo mundo continúa consumiendo miles y millones de unidades de productos y de servicios de las empresas que explotan a sus trabajadores (incluidos a menores) y de las empresas que más contaminan con plástico el planeta. Con estas tres herramientas crean una sociedad donde sus miembres viven una vida artificial, han conseguido crear una ilusión de confort, estabilidad y progreso. Pero, que no se sostiene por mucho tiempo al tener inculcadas aquellas ideas (aquellas mentiras) que llevan a la destrucción de la naturaleza y que apuestan por el sufrimiento de todas las especies.
¿Realmente existe una evolución humana respecto a las otras especies animales? ¿Es lo que llamamos “inteligencia” una virtud si no la utilizamos en honor al placer? La inteligencia es un paso en la evolución, es el miedo al sufrimiento, es un mecanismo de defensa, de supervivencia contra las amenazas de la naturaleza: contra la violencia de otras especies, otros miembres de nuestra especie, los fenómenos atmosféricos etc. Aparece con el objetivo de evitar recibirla, pero no de evitar crearla. Aún estamos en esa fase. En la de la contradicción, hasta el momento la humanidad es la especie que nunca llega a ser en plenitud lo que la define, lo que la diferencia. La no extinción, lo que conlleva el abandono de una vida artificial, está en las ideas del placer, que surgen del pensamiento humano. Tales como la educación, el ecologismo, las ciencias de la salud, el veganismo etc. Al mismo tiempo que la sociedad capitalista está ahogando la vida, parte de la humanidad demuestra que el próximo paso de la evolución está más cerca que nunca. Ese momento en el que la inteligencia deje de ser una respuesta violenta, por miedo a sufrir, y que comience a ser una respuesta placentera a ese terror. Estas acciones, serán únicamente satisfactorias, cuando se dirijan a toda la humanidad y al resto de la naturaleza.
La especie humana está al borde de un barranco cuyo fondo es el mismísimo infierno en la Tierra. Con las lecciones que la humanidad ha aprendido este último siglo tiene que frenar antes de caer y voltearse para adentrarse en las puertas de éden, que cada día están un poco más cerca de cerrarse para siempre. Volver a conectar con la naturaleza con todo el conocimiento que ahora tenemos se prevé y se presiente como un buen augurio. Es el llamado decrecimiento, que realmente es un derrumbamiento de la vida artificial y un crecimiento tanto del pensamiento como de las acciones/decisiones que tomamos. Hay un gran problema en la masividad de personas que existen. 3 Ejemplo del crecimiento de placer tomando en cuenta esto son:
Una única humanidad, la comunión de todas las sociedades. El fenómeno de la globalización ha hecho al mundo más pequeño y nos ha permitido observar que la humanidad está en todos los rincones del globo. Hemos invadido el planeta. Tras esto, existe la opción positiva de unificar objetivos comunes que vuelvan a conectar a la humanidad con la naturaleza. Pero, es un reto cuyas dificultades son las fronteras y las culturas. Es decir, por una parte esas ideas artificiales, el orgullo patriótico y el interés económico que las líneas imaginarias que dividen la Tierra representan para mucha gente. Además, de los contrastes culturales que deben servir para el aprendizaje mutuo. La unificación puede ser muy satisfactoria si se defiende la preservación de aquellas costumbres y elementos culturales de cada lugar, siempre que respeten la naturaleza.
El sentido de viajar. La comodidad que dan los medios de transporte actuales para aparecer en horas o en pocos días en lugares muy lejanos de donde se vive requiere un gran gasto de recursos, la creación de infraestructuras inmensas y la evidente corrupción de la naturaleza. Además, gran parte de estos viajes se realizan por ocio, para escapar del capitalismo, aunque sea por poco tiempo. Pero, realmente, viajar es parte de la rutina de la vida artificial. El propósito de un viaje debería de ser trascendental, para intercambiar conocimiento, para aportar algo de valor al lugar del destino, y el recorrido debería ser dificultoso, se ha perdido la aventura. El mundo necesita volver a ser más grande y la humanidad necesita volver a ser más pequeña.
La organización de las comunidades. Las ciudades rezuman un hedor que, al igual que la ya mencionada contaminación lumínica, son un espejo de lo poco que las personas se respetan a sí mismas. Somos la especie que ha creado un ecosistema llamado cloacas. Donde residen animales, culpa de la humanidad, que odiamos y exterminamos. Tales como las ratas y las cucarachas que en vez de estar en su verdadero hogar, la naturaleza, viven bajo nuestra ilusión de comodidad. Estas monstruosas ciudades, cuya organización es reflejo de la diferencia de clases, necesitan dejar de existir. Una comunidad equitativa es aquella en la que todas las personas ocupen la misma cantidad de metros cuadrados y las demás especies de la naturaleza sean respetadas por igual.
A este crecimiento no le conviene la más mínima demora y se debe dar en occidente mientras en otras partes del mundo hay mayores desigualdades, guerras, hambre, odio etc. Además, aunque volvamos a tener un planeta más grande es importante no perder la conexión comunicativa entre comunidades, aunque pase a ser muy reducida, para mantener una paz y estabilidad. Todo esto son ejemplos de cómo la reducción al máximo de la modificación de los recursos naturales al mínimo necesario para la subsistencia es clave para que la humanidad vuelva a conectarse y respetar a la naturaleza.
Si una vida artificial representa violencia, sufrimiento y contradicción, en respuesta se aspira a una vida natural, donde el placer y el amor sean los protagonistas. Junto a las personas que amamos podemos empezar a ver en la oscuridad si nuestros ojos se acostumbran, no pasar frío si nos refugiamos lo suficiente o si encendemos un fuego controlado y purificarnos bajo una cascada cuando estemos cubiertos de tierra, pero, estamos bebiendo agua que contiene microplásticos, pasando cantidades excesivas de tiempo frente a pantallas y asesinando a millones de animales cada día. Existe una crisis evidente en la que nuestra especie se juega la extinción o la supervivencia de toda la naturaleza. Dijo Noam Chomsky: “Nos acercamos al momento en el que nos podemos ir despidiendo unos de otros”. Una declaración terrorífica y real, de uno de los pensadores y luchadores más grandes que hayan existido, que debería haber alarmado a todo el mundo, como lo deberían hacer todas las evidencias científicas de que el calentamiento global va a destruir todo. Si volvemos a ser naturaleza dejaremos de calentar el planeta. Sino, ante el apocalipsis, tenemos el amor para escudarnos, la risa para evadirnos y el arte para reivindicarnos. Las mismas herramientas, causalmente, que tenemos para sobrevivir en esta vida artificial.
Con amor a la vida.

